Abrir el corazón no significa que siempre estamos disponibles, confiados o receptivos. Cuando un vínculo nos hiere, nos decepciona o amenaza, aparecen movimientos naturales de protección: nos endurecemos, nos alejamos, atacamos, complacemos o dejamos de sentir. Estas respuestas no son fallas en nuestra capacidad de amar; son intentos de proteger nuestra vulnerabilidad.

En este taller exploraremos qué ocurre cuando la presencia amorosa se encuentra con el conflicto. A través de prácticas contemplativas y relacionales, aprenderemos a reconocer nuestras defensas sin juzgarlas ni quedar completamente identificados con ellas.

Nos detendremos especialmente en la experiencia de la herida interpersonal: aquello que queda en nosotros después de no haber sido vistos, comprendidos o cuidados. Investigaremos cómo se forman el resentimiento, la distancia y las narraciones internas que mantienen vivo el conflicto, diferenciando el dolor original del sufrimiento que agregamos.

Las prácticas interpersonales permitirán explorar una forma de encuentro en la que sea posible expresar el impacto recibido.  Reparar no siempre significa reconciliarse ni restablecer un vínculo. A veces implica acercarse; otras, despedirse, poner un límite o dejar de esperar que el pasado haya sido diferente.

El encuentro tendrá un carácter principalmente experiencial e integrará meditación, trabajo corporal, escritura, diálogos en parejas e indagación grupal. Está dirigido a personas con experiencia previa en mindfulness que deseen profundizar en una presencia capaz de atravesar el conflicto sin endurecerse y de proteger lo vulnerable sin quedar encerrada en la defensa.