Todavía mantengo el sabor en el alma de este hermoso proceso vivido junto a Bea Peco y otras 25 personas cultivando durante 5 días su atención plena, la capacidad de estar en el momento presente con aceptación y el corazón abierto, sin juzgar.

El ritmo monacal llevado por los monjes y sus liturgias nos acompañaron mientras nosotros cultivábamos nuestro noble silencio con el propósito de vivir una vida más consciente y menos reactiva, bañándola de propósito y de amor.